I —La gente Cuando me di cuenta, caí que estamos en febrero del 2026. Y haciendo cuentas, son 40 años. ¿De qué? Voy entonces a pasar a explicar, pero van a tener que tener paciencia, porque es una historia un poco larga. Ese febrero de 1986 es el comienzo de un comienzo que sigue todavía, el del último destierro. El primero y más determinante había comenzado a mis 8 años cuando “caímos” con mi familia en Misiones, y esta vez volvía a irme, pero solito y hacia un cierto tipo de aventura: una carrera universitaria. Los últimos años habían sido ciertamente felices, pero tenía ya 23 y una sed musical que buscaba un oasis. La madrugada que llegué a Santa Fe, a esa casa alquilada dos meses antes, era una madrugada de fuego como las que cada año azotan a propios y ajenos en esa ciudad. Ya escribí alguna vez sobre eso; decir simplemente que la primera noche no pude pegar un ojo en esa casa vieja que desde diciembre no le entraba aire por ninguna parte. El día que me tocó rendir mi exam...
“Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto”. Alejandra Pizarnik (El espejo de la melancolía), en La Condesa Sangrienta. Allá voy con mi cartón cuadrado, tablero de un juego de mesa que no recuerdo. Loco caballo motor subo por las piedras que dejó la constructora del...